Una canción ilumina la noche y, dentro de la fogata, la guitarra silencia el cañaveral.
Mi madre cose la sombra de su nombre en la tela de un mosquitero donde el sueño de los pájaros se posa.
La piel recuerda antes que la boca, la piel es un archivo que ningún incendio puede borrar.
Huelo el barro de la infancia, huelo la lluvia que aún no cae, huelo el pecho de mi padre después de cortar la caña.
El río no es una línea: es una cicatriz. El río no es un río: es un latido. El río no es agua: es el nombre que mi abuela repetía cuando dejaba de llover.
Esta noche la fogata es un reloj y el reloj está hecho de canciones y las canciones están hechas de todo lo que alguna vez se perdió y volvió, y volvió, y volvió.